Criterios para la seguridad y privacidad de datos en empresas de servicios digitales

Al examinar a una empresa que presta servicios digitales —ya sean plataformas, aplicaciones, proveedores de software como servicio o integradores— no resulta suficiente valorar sus funcionalidades y su costo, pues la seguridad de la información y la gestión de datos personales influyen directamente en los riesgos legales, reputacionales y económicos. Una evaluación deficiente puede dejar expuestos tanto a los usuarios como a la propia organización a filtraciones de datos, incumplimientos regulatorios y perjuicios financieros. Este texto presenta un enfoque práctico y minucioso para analizar estos elementos mediante ejemplos, pautas técnicas y un listado de verificación utilizable.

Aspectos iniciales: gobernanza y cumplimiento

  • Responsabilidad y roles: comprobar si la empresa identifica a un responsable de seguridad y a un delegado de protección de datos o figura similar. La presencia de políticas internas, un comité de seguridad y procedimientos formales suele ser un buen indicio.
  • Cumplimiento normativo: pedir pruebas que acrediten la conformidad con la normativa vigente: Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) en la Unión Europea, legislaciones nacionales de protección de datos y requisitos sectoriales específicos (como las regulaciones sanitarias correspondientes en cada país). Verificar si han llevado a cabo evaluaciones de impacto en protección de datos (EIPD o DPIA).
  • Políticas públicas: revisar la política de privacidad y la política de seguridad publicadas en su sitio web. Deben explicar de forma transparente la finalidad del tratamiento, la base jurídica, los periodos de conservación, los derechos de los usuarios y cualquier transferencia internacional de datos.

Seguridad técnica: controles esenciales

  • Cifrado en tránsito y en reposo: verificar que emplean cifrado TLS 1.2/1.3 para las comunicaciones y un esquema sólido de cifrado en el almacenamiento, como AES-256, además de solicitar información sobre cómo administran y rotan las claves.
  • Gestión de credenciales y autenticación: evaluar si disponen de autenticación multifactor tanto para cuentas administrativas como para las de los clientes, junto con políticas de contraseñas y mecanismos de bloqueo frente a intentos reiterados.
  • Control de acceso e identidad: analizar el sistema de permisos basado en el principio de mínimo privilegio, el uso de accesos por roles, la separación de responsabilidades y la necesidad de aprobar accesos con privilegios elevados.
  • Seguridad de la infraestructura: determinar si trabajan con proveedores de nube reconocidos, cómo aplican configuraciones seguras, la segmentación de la red y las medidas implementadas contra ataques de denegación de servicio.
  • Protección de datos sensibles: comprobar si recurren a la pseudonimización o la anonimización y si incluyen cifrado especializado para datos especialmente delicados, como identificadores personales, información financiera o datos sanitarios.
  • Registro y auditoría: confirmar que generan y mantienen registros de accesos, modificaciones y eventos de seguridad con una sincronización horaria adecuada y una política de conservación claramente definida.

Gestión de riesgos, pruebas y respuesta a incidentes

  • Evaluaciones periódicas: solicitar resultados de pruebas de penetración y análisis de vulnerabilidades recientes. Idealmente, auditorías externas anuales y pruebas internas trimestrales.
  • Programa de gestión de vulnerabilidades: existencia de proceso para parcheo, priorización y mitigación de hallazgos con plazos definidos.
  • Plan de respuesta a incidentes: evaluar si existe un plan documentado, equipos responsables, procesos de comunicación (incluyendo notificación a autoridades y afectados), y ejercicios de simulación.
  • Historial de incidentes: preguntar por incidentes pasados, causas, medidas correctoras y tiempos de resolución. La transparencia en la comunicación es un buen indicador.

Proveedores, tareas subcontratadas y transferencias

  • Cadena de suministro: identificar terceros críticos (proveedores de nube, servicios de pago, análisis). Revisar cómo se auditan y qué cláusulas contractuales aplican.
  • Contratos y acuerdos: pedir el modelo de contrato de procesamiento de datos (acuerdo de encargado), cláusulas de protección, responsabilidades por brechas y acuerdos de nivel de servicio (ANS).
  • Transferencias internacionales de datos: confirmar mecanismos legales: clausulas contractuales tipo (CCT), decisiones de adecuación o medidas adicionales que garanticen niveles adecuados de protección.

Privacidad desde el diseño y facultades de los interesados

  • Minimización y limitación de finalidad: comprobar que la recolección de datos está limitada a lo necesario y que hay justificaciones documentadas.
  • Medidas técnicas de privacidad: presencia de pseudonimización, anonimización reversible, separación de entornos por cliente y controles para evitar re-identificación.
  • Atención a derechos ARCO/LOPD o equivalentes: procedimientos para acceso, rectificación, supresión, oposición y portabilidad; plazos y canales claros para que los interesados ejerzan sus derechos.
  • Consentimiento y comunicaciones: revisar cómo se gestiona el consentimiento cuando procede, registros de consentimientos y mecanismo fácil para revocarlo.

Certificaciones, auditorías y métricas

  • Certificaciones útiles: ISO/IEC 27001, ISO/IEC 27701 (gestión de privacidad), certificaciones sectoriales como PCI DSS para pagos, o certificaciones de seguridad específicas del país. La posesión de certificaciones no sustituye auditorías, pero aporta confianza.
  • Informes y auditorías: solicitar informes SOC 2 tipo II o equivalentes si están disponibles. Evaluar alcance temporal y alcance de los informes.
  • Métricas operativas: tiempos medios de parcheo, tiempo medio de detección (MTTD) y tiempo medio de recuperación (MTTR), porcentaje de pruebas de penetración con vulnerabilidades críticas corregidas en X días.

Ejercicios prácticos que un revisor tiene la posibilidad de efectuar

  • Revisión documental: examinar políticas, contratos, EIPD y conclusiones derivadas de auditorías previas.
  • Revisión técnica superficial: verificar los certificados TLS de sus servicios web, las cabeceras HTTP orientadas a la seguridad, la caducidad de las sesiones y el modo en que el navegador almacena la información.
  • Solicitar pruebas en entorno de demostración: requerir un acceso limitado para comprobar los controles de acceso, los distintos niveles de permisos y la trazabilidad de las acciones.
  • Revisión de código o dependencias: cuando resulte viable, evaluar las prácticas de seguridad dentro del ciclo de desarrollo (CI/CD), las revisiones de código y el tratamiento de dependencias con posibles vulnerabilidades.

Ejemplos y situaciones demostrativas

  • Configuración incorrecta en servicios de almacenamiento en la nube: en ocasiones, empresas han dejado buckets sin protección adecuada, exponiendo millones de datos. La lección es clara: verificar de forma periódica las reglas de acceso y los registros de actividad en los recursos de almacenamiento.
  • Privilegios excesivos sin supervisión: muchas filtraciones internas surgen cuando cuentas administrativas acumulan permisos innecesarios y carecen de MFA. Establecer un control de acceso por roles y auditar las sesiones con privilegios ayuda a disminuir este tipo de amenazas.
  • Anonimización insuficiente de la información: incluso bases de datos que parecen anónimas pueden reconstruirse mediante cruces con fuentes públicas. Es esencial usar métodos sólidos y evaluar con detenimiento las posibilidades de reidentificación.

Guía práctica para realizar una revisión veloz

  • ¿Existe un responsable de seguridad junto con un delegado de protección de datos designado formalmente?
  • ¿Difunden políticas de privacidad y seguridad que sean claras y estén actualizadas?
  • ¿Implementan cifrado para los datos en tránsito y almacenados, y de qué manera administran las claves?
  • ¿Proporcionan autenticación multifactor y un control de acceso detallado?
  • ¿Efectúan pruebas de penetración y auditorías externas con regularidad?
  • ¿Disponen de un plan documentado de respuesta a incidentes que se haya puesto en práctica?
  • ¿Supervisan a proveedores externos mediante contratos y auditorías, incluyendo cláusulas sobre transferencias internacionales?
  • ¿Incorporan privacidad desde el diseño y facilitan el ejercicio de los derechos de los interesados?
  • ¿Poseen certificaciones pertinentes y comparten métricas operativas?

Herramientas y recursos para evaluar

  • Análisis de cabeceras y certificados TLS mediante navegadores y herramientas en línea.
  • Solicitar informes de auditoría (SOC, ISO) y revisar su alcance y fechas.
  • Revisar políticas públicas y textos contractuales en busca de cláusulas sobre responsabilidad, indemnizaciones y notificación de brechas.
  • Uso de matrices de riesgo y plantillas de EIPD para evaluar impacto sectorial y por tipo de dato.

Errores comunes a detectar

  • Carencia de una separación clara entre los entornos de desarrollo y de producción.
  • Conservación prolongada de información sin una razón documentada.
  • Uso de subcontratistas sin garantías contractuales ni evaluaciones regulares.
  • Falta de pruebas recurrentes o demora en la corrección de fallas críticas.

Una evaluación rigurosa combina revisión documental, comprobaciones técnicas y verificación contractual. Más allá de cumplir normas o poseer certificaciones, se debe valorar la capacidad operativa de la empresa para detectar, responder y aprender de incidentes, su transparencia y su enfoque proactivo hacia la privacidad por diseño. Adoptar una lista de verificación adaptada al contexto y pedir evidencias concretas permite diferenciar proveedores que sólo prometen seguridad de aquellos que la demuestran en prácticas y resultados.

Por Mariela Meléndez Veliz

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